Usar un apodo tan fabuloso como Acid Arab es automáticamente intrigante y genera ciertas expectativas, que la música cumple más o menos. En él disco encontramos ritmos electrónicos y melodías e instrumentación derivadas del Medio Oriente y del Norte de África, o al menos, encontramos sintetizadores destinados a emular dicha instrumentación. Los ritmos y el bass line están arraigados a una sensibilidad que evita que el disco se desvíe hacia una música suave y de buen gusto, jugando constantemente, mientras profundizan dentro del universo musical que exploraban hace tres años.
Los argelinos Radia Menel, Sofiane Saidi, Amel Wahby y Cheikha Hadjla brindan todas las vocales, mientras que el saxofonista turco Cem Yildiz y el tecladista sirio Rizan Said son una de las sopresas de este discos. El track Rajael fue escrito con el productor tunecino-belga Anmar 808 y Soulan con Les Filles d’Illighadad de Níger. Kenzi Bourras, quien ahora mismo forma parte del grupo. La conjugación de todos, recrea a través de cada nota vastas extensiones de dunas y paisajes eternos que se transforman en una inspiración concisa y empírica que fluye con los ritmos de Acid Arab.
El disco es todo un intento de crear un punto de encuentro entre la música electrónica más bailonga y tracks de instrumentación árabes, donde más que unir sonidos orientales con los occidentales, son un intento de representar ambas culturas. Un intento de reinvención a través de la música de baile oriental, con un firme intento de formar parte de ella. El conjunto de este disco condensa dos ideas que parecía que ya no íbamos a recuperar: futuro y permanencia. La satisfacción es inmensa.















