ALEX MEDINA y ALANI: identidad, riesgo y alma frente al ruido de la industria

En un momento en que la escena electrónica parece debatirse entre la hiperdefinición algorítmica y la necesidad de construir un lenguaje propio, ALEX MEDINA y ALANI se posicionan sin maquillaje. Su discurso no busca agradar al sistema, sino señalar sus fisuras: la impostura estética, la tiranía de las etiquetas, la falsa independencia y la perfección técnica entendida como refugio creativo. Con Mumbai Records como espacio de libertad y “No More Shadows” como declaración de principios, ambos trazan una conversación incómoda, lúcida y necesaria sobre lo que significa resistir dentro de una industria que premia la forma antes que el fondo.

¿La escena electrónica española está realmente evolucionando… o simplemente estamos maquillando fórmulas globales con estética local para sentir que tenemos identidad propia?

Hay talento real, pero también mucha impostura. Se habla de evolución, pero en muchos casos es más bien adaptación cosmética. Se importan fórmulas de fuera, se les pone un filtro “local” y se vende como identidad. La escena crece cuando alguien se arriesga a sonar incómodo, no cuando replica lo que ya funciona en otros mercados. Lo demás es decoración.

Mumbai Records apuesta por libertad creativa y mezcla de géneros… pero en una industria obsesionada con algoritmos y nichos, ¿ser híbrido es una ventaja real o una forma elegante de volverte invisible?

Ser híbrido hoy es casi un acto de resistencia y valentía. El algoritmo necesita etiquetas claras para funcionar, y todo lo que se sale de ahí tiende a perder visibilidad. Pero precisamente por eso tiene valor. La visibilidad sin identidad no sirve de mucho. Preferimos construir algo que no encaje del todo a ser perfectamente clasificables y olvidables.

¿Hasta qué punto la narrativa de “artista independiente” es real… y cuánto hay de dependencia encubierta de plataformas, playlists y validación externa?

Es más un mito romántico que otra cosa… Hoy dependes de plataformas sí o sí, aunque no quieras. La diferencia está en quién toma las decisiones. Puedes usar las herramientas sin que te definan. El problema es cuando la validación externa condiciona el sonido. Ahí dejas de ser independiente aunque no tengas un contrato firmado.

En una escena donde todo suena técnicamente impecable, ¿la perfección sonora está matando el riesgo creativo?

La hiperproducción está estandarizando el resultado y nos mata poco a poco. Todo está cuantizado, comprimido y pulido. No es que la perfección sea mala; es que se está usando como escudo para no arriesgar. A veces el swing, el desajuste, un sonido roto o un error en la mezcla aporta más carácter que cualquier cadena de plugins.

¿Creéis que el público de club sigue buscando experiencias… o simplemente consume estímulos rápidos sin memoria ni contexto?

Convivimos con dos públicos: el que quiere viajar y entender la sesión como una historia… y el que necesita picos de dopamina cada 20 segundos y grabar con su teléfono móvil. La tendencia es clara: consumo rápido. Mucha gente va al club como quien hace scroll. Pero sigue existiendo un público que busca algo más profundo, una conexión real.

Después de años en la industria, ¿qué pesa más hoy: el talento, la red de contactos o la capacidad de construir una narrativa digital creíble?

Para entrar: contactos y narrativa digital.
Para quedarse: talento y coherencia.

No nos podemos engañar… la industria funciona como cualquier ecosistema cultural, necesitas visibilidad inicial. Pero una vez ahí, si no tienes un sonido propio y un criterio firme, te desinflas y si no tienes algo que decir, te caes igual de rápido.

¿La cultura de sellos sigue teniendo sentido como espacio curatorial… o se ha convertido en una etiqueta estética más dentro del ruido global?

Depende mucho del sello, la verdad… Cuando hay dirección artística real, el sello sigue siendo un espacio de filtro y contexto. Cuando el sello solo existe para sumar catálogo o cumplir métricas de streaming, entonces sí, es branding vacío. Para nosotros, un sello debe ser un lugar donde el artista se sienta acompañado creativamente, no solo distribuido.

“No More Shadows” habla de romper moldes y avanzar sin reglas… pero siendo honestos: ¿es posible escapar realmente de las estructuras de la industria o simplemente aprendéis a jugar mejor dentro de ellas?

La clave es no dejar que te definan. Aprendes a moverte dentro, pero sin traicionar lo que haces. No se trata de destruir el sistema desde fuera, sino de no dejar que te domestique desde dentro. En nuestro caso eso es bastante simple: nos da exactamente igual si la gente necesita etiquetarlo como techno, house, melodic o cualquier otra cosa. Al final, lo importante para nosotros es que la música tenga alma y coherencia interna, no que encaje en una categoría. Somos dos personas con un punto de vista muy alineado, y eso es lo que nos ha mantenido juntos tanto tiempo como amigos y como socios. Ahora, con esta nueva etapa dentro de una agencia de renombre como Dskonnect, la idea no cambia: remar en la misma dirección, proteger ese lenguaje propio y seguir construyendo algo que no dependa de cómo lo quieran etiquetar desde fuera.