“Motion Tactics”: Fernando Lagreca abraza el pulso más físico del Techno

Fernando Lagreca nunca ha necesitado disfrazar su relación con el Techno. Lleva años orbitando alrededor del género desde distintos frentes: como productor, performer obsesionado con el hardware y también como figura activa dentro de la industria electrónica. Grooveboxes, cajas de ritmo y sintetizadores han sido siempre parte esencial de su lenguaje; herramientas no solo para ejecutar música, sino para pensarla en tiempo real. Esa tensión entre máquina, intuición y pista de baile ha definido buena parte de su recorrido.

Resulta curioso entonces que “Motion Tactics” sea el primer álbum donde Lagreca abraza el Techno de forma tan frontal y deliberada. No porque antes no estuviera ahí —siempre estuvo—, sino porque ahora el foco apunta directamente al cuerpo, al pulso y a la funcionalidad del groove como núcleo creativo.

El disco nace, según cuenta el propio artista, de una idea práctica: generar material para sus directos. Bocetos rítmicos, bancos de sonido, estructuras pensadas inicialmente como herramientas de performance. Pero en medio del proceso apareció algo más sólido. Lo que empezó como un ejercicio técnico acabó transformándose en una colección de tracks con identidad propia.

Y eso es precisamente lo que mejor funciona en “Motion Tactics”: su sensación de continuidad orgánica. Más que una suma de cortes aislados, el álbum se comporta como un sistema en movimiento donde cada patrón, textura o secuencia parece dialogar con la siguiente. Hay electro, hay Techno mental, hay referencias claras a cierta escuela clásica europea, pero todo aparece filtrado desde una lógica muy física y contemporánea.

Lejos de buscar grandes artificios o momentos efectistas, Lagreca apuesta por la insistencia hipnótica, por el detalle microscópico y por una construcción progresiva que encuentra fuerza en la repetición bien entendida. El groove aquí no funciona como recurso estético; es estructura, discurso y dirección.

“Motion Tactics” también deja entrever algo importante: la madurez de alguien que entiende el club no solo desde la producción musical, sino desde años de experiencia habitando diferentes capas del ecosistema electrónico. Hay conocimiento técnico, sí, pero sobre todo hay criterio. El álbum sabe cuándo presionar y cuándo contenerse. Y en tiempos donde gran parte del Techno parece obsesionado con la inmediatez y el impacto rápido, ese control termina jugando a su favor.

El resultado es un trabajo coherente, funcional y profundamente conectado con la lógica de la máquina, pero que evita caer en la frialdad automática. Un disco pensado para la pista, aunque suficientemente detallista como para sobrevivir fuera de ella.

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