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Dani y Richard hablan de Life With Mountains, su nuevo release en Based Faith

Entre la psicodelia sutil, la tensión de club y una intuición creativa que rehúye los compartimentos estancos, Dani y Richard han encontrado en Life With Mountains un espacio común donde lo importante no es etiquetar el sonido, sino hacerlo funcionar. Publicado en Based Faith, el release se mueve entre el deep tech, el minimal y el deep house, pero su verdadera fuerza está en la atmósfera, en la contención y en esa clase de groove que parece abrirse paso desde dentro. En esta conversación con Como las Grecas, ambos hablan sobre estados alterados, libertad formal, química en el estudio y la identidad que quieren construir con el sello.

“Life With Mountains” suena como si naciera de un estado mental muy concreto: mitad escape, mitad alucinación. Más allá del imaginario surrealista de Costa Rica que aparece en la nota de prensa, ¿qué estaba ocurriendo realmente entre vosotros a nivel creativo cuando tomaron forma estos tracks?

Dani:
Siento que había mucho juego creativo y muchas ganas de imaginar el estado mental en el que alguien podría entrar bailando estos tracks con un montón de desconocidos en una pista sudada y abarrotada.

Richard:
Trabajar juntos fue muy fácil porque supimos apoyarnos en las fortalezas del otro. Dani viene de una familia muy musical, con un trasfondo importante dentro de la escena costarricense gracias a su tío, Paco Navarrete, y eso se nota. Su manera tan natural de trabajar con los sintes hizo que crear juntos fuera muy sencillo.

Hay algo deliberadamente escurridizo en este lanzamiento: se mueve entre deep tech, minimal y deep house, pero nunca parece desesperado por pertenecer a un solo carril. ¿Creéis que los géneros siguen siendo herramientas útiles o se han convertido más bien en atajos de marketing?

Richard:
Entre Dani y yo hay una diferencia de edad considerable, y sí creo que hay sonidos que ya se han convertido en señales de determinados géneros. Un eco dub con un stab, o una 303 con la resonancia muy arriba, enseguida hacen que alguien diga: esto es acid. Pero al final, en la pista, lo que quieres es escuchar música buena que te mueva. Que un track sea house, techno, disco o algo intermedio, ¿realmente importa tanto? Cuando hacíamos estos tracks no pensábamos en hacer un track acid o house: pensábamos en su funcionalidad en la pista.

Dani:
Hay tanta música ahí fuera que, si no existieran los géneros, sería difícil reconocer patrones dentro de lo que te gusta. En ese sentido ayudan a ordenar las cosas, y como DJs también son útiles. Pero en el momento de hacer música intento no tomármelo tan en serio. Lo que se siente bien, se siente bien, y creo que este EP demuestra que varios géneros pueden convivir dentro de un mismo release si hay un hilo común de gusto.

Temas como “Heart 808”, “El Es Dee” o “50mg” sugieren estados alterados, química corporal y cierta dislocación emocional sin explicarlo del todo. ¿Os interesa dejar huecos narrativos para que el oyente complete el sentido o esos títulos nacen de referencias personales muy concretas?

Richard:
Que actúe Josh Wink no significa que tengamos que empezar a chupar papeles. Los sonidos psicodélicos y alterados forman parte de la música desde hace muchísimo tiempo, especialmente dentro de la cultura del altavoz. Si vas a un lugar con un sistema audiófilo, creo que es interesante poder manipular el sonido de formas extrañas que normalmente no escucharías: jugar con el paneo, crear anomalías granulares o levantar una ola sonora con un Jupiter-8.

Dani:
Disfruto de la música psicodélica en todas sus formas, desde The Beatles hasta la electrónica, que para mí es una de las formas más altas de psicodelia porque literalmente puede meterte en trance durante horas. Pero ese hueco interpretativo está ahí. Me gusta que la gente pueda leer una misma idea de la forma que mejor encaje con su visión del mundo. Animo a cada uno a llevarse estos tracks hacia donde quiera.

Mucha música dentro del espectro club más profundo está impecablemente producida, pero emocionalmente vacía. En vuestro caso, estos tracks se sienten controlados, aunque no estériles. ¿Cómo protegéis la tensión, la rareza y el instinto en el estudio antes de que la perfección aplaste el impulso original?

Richard:
Soy de la opinión de que mucha música está sobreproducida y, como nunca ha sido tan fácil empezar a hacer música, es muy sencillo caer en añadir y añadir sin parar. Pero hay algo muy valioso en la contención y en mantenerse enfocado. Eso puede ser más difícil cuando hay varias personas metiendo mano, pero nosotros no tuvimos problema en trabajar las ideas y, cuando algo no encajaba, simplemente lo apartábamos para otro proyecto.

Dani:
Hace falta confiar en tu gusto. Al final, si haces música que tú mismo disfrutas escuchar, lo más probable es que haya más gente ahí fuera que conecte con ella. Si dudas de cada decisión e intentas meter tu trabajo dentro de una caja de expresión permitida, eso se va a notar. La técnica solo es una herramienta para que tu mensaje se entienda mejor.

La química entre vosotros como dúo parece central aquí. Cuando dos artistas colaboran en una música tan sutil, el riesgo suele estar en la dilución o en el compromiso disfrazado de equilibrio. ¿Qué aporta cada uno que el otro probablemente no alcanzaría solo y en qué punto suelen chocar vuestros instintos?

Richard:
Nuestras fortalezas son muy distintas. Con la formación más clásica de Dani y mi aproximación más analógica e improvisada, pudimos trabajar desde nuestras habilidades y ayudarnos mutuamente a desarrollar los tracks en lugar de quedarnos atrapados en cosas que no importan.

Dani:
Venimos de contextos distintos, y creo que precisamente la emoción de ver qué aporta el otro hace mucho más fácil llegar a acuerdos. Además, yo trabajo también en otros géneros, así que mi cabeza tiende a irse hacia progresiones, grooves y estructuras. Pero valoro muchísimo el enfoque de Richie, que tiene más que ver con acertar en la sensación, independientemente de si estás tocando el acorde correcto o no. La música es algo muy serio, pero no deberías tomártela demasiado en serio.

Con Based Faith no solo estáis publicando música: también estáis definiendo la identidad del sello a través de BFD002. ¿Qué tipo de plataforma queréis que llegue a ser Based Faith y por qué sentisteis que “Life With Mountains” era la declaración adecuada para esta primera etapa?

Richard:
Como quinta referencia de Based Faith —y la segunda en digital— estoy muy contento con la dirección que está tomando el sello. Cada vez representa mejor el tipo de sonido que quiero escuchar en la pista: música real, que venga de dentro. Música funcional para la pista de baile, interesante en sonido y en concepto y, más importante aún, música que no solo active el cuerpo, sino que también te remueva por dentro.