En una industria electrónica cada vez más dominada por métricas, visibilidad digital y carreras diseñadas para sobrevivir en el algoritmo, la pregunta vuelve a surgir con fuerza: ¿sigue siendo el DJ un narrador musical o se ha convertido en un producto optimizado para redes sociales?
El productor ChillOhm se posiciona claramente en ese debate. Con una visión crítica pero realista sobre el momento actual de la escena, el artista reflexiona sobre cómo el marketing, los números en redes y la lógica de plataformas como TikTok están redefiniendo la manera en que se produce, se consume y se programa la música electrónica.
En esta conversación con Como las Grecas, ChillOhm analiza algunos de los grandes dilemas de la cultura club contemporánea: la presión del algoritmo en los bookings, la saturación de releases, la homogeneización del sonido global y el riesgo de confundir visibilidad con valor artístico. Un diálogo directo y necesario sobre el presente de la escena… y sobre lo que todavía puede salvar su esencia.
¿El DJ sigue siendo un selector… o se ha convertido en un gestor de playlists con marketing?
Un DJ sigue siendo un selector cuando es capaz de contar una historia, construir tensión, crear una atmósfera, una energía, y sobre todo cuando sabe leer realmente una pista de baile. Tiene que aportar una visión, su propia visión, tanto a nivel artístico como técnico.
Desafortunadamente, hoy en día el artista muchas veces se ha convertido en un producto de consumo: instagramable, compatible con TikTok, bueno o malo, con trabajo real detrás o no. Es algo que la industria empuja hasta que tanto el artista como el público terminan agotados.
Y al final eso suele generar carreras que brillan muy fuerte… pero que se apagan muy rápido.
Hoy una gran parte del trabajo tiene que ver con la imagen, la visibilidad, el marketing, las redes sociales y simplemente con la capacidad de existir dentro de un ecosistema completamente saturado.
El marketing no sustituye al talento, pero influye muchísimo en las decisiones de la industria musical y en el acceso a los escenarios. El problema aparece cuando empieza a importar más que la visión musical y artística.
Por suerte, no todo el mundo juega a ese juego… o al menos no del todo.
Si un artista necesita millones de seguidores para conseguir bookings… ¿la música sigue siendo el centro o el algoritmo es el verdadero programador de festivales?
El verdadero problema quizá no sea el algoritmo en sí, sino el espacio que le dejamos ocupar en nuestras decisiones culturales.
Cuando un artista necesita millones de seguidores solo para conseguir bookings, la decisión ya no está guiada por el valor artístico, sino por métricas de marketing. Y es exactamente ahí donde el algoritmo termina filtrando la cultura.
Cuando los bookings dependen más de números que de la individualidad musical, artística o técnica, empezamos a confundir popularidad con profundidad artística.
El verdadero reto es asegurarnos de no confundir visibilidad con valor.
¿Estamos viviendo la era más creativa de la electrónica… o la más homogénea, donde todo suena igual pero con diferente branding?
Desde el punto de vista creativo estamos viviendo, paradójicamente, la era más libre y al mismo tiempo la más homogénea.
Nunca ha sido tan fácil producir música, publicarla, distribuirla o incluso crear tu propio sello.
Por un lado, esa democratización es algo increíble porque abre la puerta a talento que jamás habría existido en el sistema anterior.
Pero esa misma abundancia también genera homogeneización: las mismas estructuras, los mismos drops, las mismas paletas sonoras, las mismas fórmulas diseñadas para captar la atención.
Si un track solo funciona cuando el drop llega en el segundo 45 para TikTok… ¿seguimos haciendo música de club o contenido para redes?
La cuestión de TikTok resume perfectamente el dilema: ¿estamos haciendo música para la pista de baile o para 45 segundos del próximo Reel?
Cuando la forma de un track empieza a estar dictada por la lógica del scroll antes que por la lógica del club, el papel de la música inevitablemente cambia.
Y como decía antes, por suerte no todo el mundo decide jugar con esas reglas.
¿La explosión de sellos y releases democratizó la música electrónica… o simplemente enterró el talento real bajo miles de tracks irrelevantes?
En esencia, la democratización no ha enterrado el talento, simplemente lo ha hecho más difícil de encontrar.
El talento sigue ahí, quizá incluso más que nunca. Solo que ahora está ahogado en un océano de contenido.
Y hoy tenemos que excavar mucho más profundo entre el ruido y el volumen para poder encontrarlo.

