En una escena donde a menudo se confunde discurso técnico con identidad artística, Israel Padilla mantiene una visión clara, sobria y profundamente honesta sobre qué significa levantar un sello en 2025. Al frente de Banshees Records, su mirada no gira en torno al fetichismo del hardware ni a las métricas vacías de la promoción digital, sino a algo bastante menos decorativo y mucho más difícil de sostener: criterio, riesgo y cultura de club. En esta conversación con Como las Grecas, habla sobre el valor real del mastering, el peso de la narrativa sonora, la homogeneización de las demos y la vocación cultural que todavía sostiene a los sellos pequeños cuando el mercado ya no garantiza casi nada.
Como fundador de Banshees Records, ¿crees que en la pista alguien distingue entre hardware analógico real y producción digital, o el debate gear-head es más un discurso interno de productores que una realidad del club?
Es un debate muy típico en este mundillo, y aquí vas a encontrar mucha variedad de opiniones, la misma que se crea a la hora de pinchar. El eterno debate vinilo vs digital está muy de moda ahora. Pero si me preguntas a mí personalmente, te diría que sí: si te pones a analizarlo bien puedes encontrar detalles, colores y armónicos más ricos y naturales que son producidos por una máquina real. Por ejemplo, la amplitud de los filtros de una máquina suele ser más amplia en el 90% de los sintetizadores que en su versión VST, y mira que hay plugins buenísimos que emulan prácticamente al original. Pero si tengo que dar mi opinión sobre si el público en general diferencia eso en la pista de baile, te diría claramente que no.
Desde la perspectiva de un sello, ¿tiene sentido invertir en masters de alta calidad cuando gran parte del consumo termina en streaming comprimido o formatos digitales de baja resolución?
Israel Padilla:
Creo que para un sello discográfico sus masters tienen que estar siempre enfocados a la pista de baile y con la más alta calidad. Otra cosa es dónde se reproduzcan esas canciones. El mastering es un proceso a veces muy poco valorado, y vemos cómo en todos los DAW hay cadenas de plugins ya preestablecidas que se usan en ocasiones como si fueran masters profesionales. Sin embargo, la mano de un buen ingeniero que te haga esos masters personalizados para cada track es fundamental para un buen resultado. O sea que, contestando a tu pregunta, por supuesto que tiene sentido invertir en un buen mastering.
En un contexto donde muchos artistas presumen del “solo hardware”, ¿cómo separas desde el sello la búsqueda sonora auténtica del simple branding estético?
Para mí, esa selección sobre qué se publica o no en Banshees Records no pasa porque sea hardware o software. Eso a mí me da absolutamente igual. Sí es verdad que como artista me gusta más usar hardware, por muchos motivos y básicamente porque me encantan las máquinas. Pero en cuanto al sello, en ningún momento me importa de qué modo se haya hecho esa canción. Me importa el resultado final: que tenga alma, que esté bien estructurada, que sean sonidos bonitos, frescos y a la par oscuros, que tengan una buena mezcla, que suene bien. Y si puede ser atrevido, arriesgado, mucho mejor. Yo soy un fan de las caras B; valoro mucho que cuando me envían un trabajo para ver si me interesa, en esas cuatro o cinco pistas haya un conjunto y que cada track esté enfocado de una forma diferente.
Como curador, ¿qué peso le das al rango dinámico y a la narrativa sonora sabiendo que muchos clubs saturan el sistema y parte del público escucha música en el móvil?
Israel Padilla:
La realidad es que hoy en día la música se consume en muchos contextos distintos. Evidentemente no es lo mismo escuchar un track en el móvil que en un club o en un festival, donde el sistema de sonido y el rango dinámico disponible son completamente diferentes.
En nuestro caso, la prioridad sigue siendo la música pensada para la pista de baile y para ser pinchada en clubs. Sin embargo, somos conscientes de que gran parte del público descubre la música a través del móvil o de plataformas digitales, por lo que intentamos que los másters funcionen correctamente en todos esos contextos.
Por eso buscamos un equilibrio que permita que los tracks mantengan su impacto en sistemas grandes, pero que al mismo tiempo se traduzcan bien en plataformas digitales.
También trabajamos tanto en formato digital como en vinilo, y eso implica enfoques de masterización distintos. En digital solemos mantenernos dentro del estándar actual de la industria, sin empujar los másters más allá de lo necesario ni dejarlos demasiado conservadores.
En el caso del vinilo, seguimos un proceso más tradicional, respetando las limitaciones y características propias del formato, que siguen siendo bastante claras y no dejan demasiado margen para reinventar el proceso.
¿La promoción digital hoy genera una demanda real para un sello como Banshees Records, o se ha convertido en una carrera de métricas que no siempre se traduce en cultura de club?
Para Banshees Records la cultura de club siempre estará presente y es lo que queremos: cultura de club, cultura del vinilo, cultura del formato físico.
Cuando recibes demos producidas con los mismos plugins y librerías que usa todo el mundo, ¿dónde identificas la diferencia entre evolución artística y simple reciclaje con otra firma?
Bueno, tengo que decirte que un alto porcentaje de demos que recibo están muy en la misma línea en cuanto a producción, sonidos y estilos. En nuestro espectro musical —EBM, electro, dark wave— es cierto que muchos artistas son, como se dice ahora, old school; artistas consagrados o que llevan media vida vinculados de una u otra forma a la electrónica. Y eso se nota a la hora de crear música. Estas vertientes más oscuras, por lo general, reúnen a un público y a unos artistas que vienen de la electrónica de los 80 y 90, del post-punk, del gótico; gente que sabe lo que quiere. No suele ser gente que empieza en la electrónica con géneros más fáciles, como el melodic, house o techno, y las demos que recibo van mucho en esas líneas.
Después de años en la industria, ¿cómo se vive hoy la escena desde la posición de label owner? ¿Más vocación cultural o más supervivencia estratégica?
Sin duda, vocación cultural, por lo menos en mi caso. Yo no tengo una estrategia comercial, no hago un estudio de mercado, no valoro las ventas respecto a los gastos. En definitiva, no uso Banshees Records como un negocio, sino como una aportación al mundo de la música desde donde puedo. En estos momentos, para un sello pequeño como Banshees, sacar referencias en vinilo prácticamente es perder dinero, y lo asumo desde el punto de vista de la supervivencia y de ir aportando cada vez un poco más, pensando que en un futuro se pueda recoger algún fruto. Al final es colocar la etiqueta en una posición donde los grandes te conozcan, te valoren y quieran trabajar contigo. ¿Estrategia? ¿Vocación? Una mezcla de las dos, sin duda.

